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Recuerdo la idea esencial del libro Deshumanizando al Varón: Pasado, presente y futuro del sexo masculino, de Daniel Jiménez, @HGyDCT
, porque creo que nos ayuda a entender cosas.
Según Daniel, no existe un sistema social o "patriarcado" que oprima unilateralmente a las mujeres mientras beneficia exclusivamente a los hombres. En cambio, la sociedad tradicional (y en buena medida la actual) perjudica y privilegia a ambos sexos de forma asimétrica y complementaria, en beneficio del grupo o de la supervivencia colectiva más que del beneficio egoísta de uno de los sexos. La compensación clave que plantea es esta:
-A los hombres se les otorga mayor estatus social y poder visible (en jerarquías, liderazgo, reconocimiento público, etc.), pero a cambio sufren menor protección: se les expone mucho más al peligro, la muerte, la guerra, el sacrificio, el abandono en caso de fracaso y una menor empatía social cuando sufren.
-A las mujeres se les otorga mayor protección (física, social, legal, emocional), pero a cambio se les asigna menor estatus y menos acceso a posiciones de poder y reconocimiento público.
Según Daniel, esta estructura no fue creada por los hombres para explotar a las mujeres, sino que fue co-construida por ambos sexos a lo largo de la historia por razones evolutivas, culturales y de supervivencia grupal. Por tanto, el relato dominante de que los “los hombres son opresores y las mujeres víctimas" es una simplificación que ignora sistemáticamente las desventajas y sacrificios masculinos específicos. Esta visión asimétrica deshumaniza al varón, al presentarlo casi exclusivamente como privilegiado, violento o prescindible, lo que dificulta reconocer y abordar problemas masculinos graves (suicidios, muertes laborales, sinhogarismo, fracaso educativo, custodia de hijos, etc.).
Este enfoque creo que explica muy bien lo que ocurre con el feminismo hegemónico actual (el que domina el discurso institucional, mediático y académico). El feminismo tiende a funcionar de esta manera: busca mantener y ampliar la protección tradicional hacia las mujeres (o incluso reforzarla con leyes, políticas y narrativas específicas de "violencia de género", cuotas, etc.) al mismo tiempo que exige para ellas el mismo (o mayor) nivel de estatus, poder y reconocimiento que históricamente se ha asociado más al rol masculino.
El feminismo quiere el pastel (estatus alto) y comérselo (protección alta), sin aceptar el compromiso histórico que implicaba ceder lo uno por lo otro. Es decir, que el feminismo actual (en su versión dominante) aspira a lo mejor de ambos mundos históricos para las mujeres, mientras que los costes masculinos tradicionales (desprotección, prescindibilidad) siguen vigentes y poco cuestionados.
Países Bajos permite la eutanasia de recién nacidos; Canadá podría ser el siguiente
En septiembre pasado, varios medios de comunicación informaron que el programa de Asistencia Médica para Morir (MAiD) de Canadá –legalizado en 2016 para permitir el suicidio asistido por un médico– había reavivado el debate sobre si los recién nacidos podrían ser incluidos en algún momento.
El debate comenzó en 2022, durante las audiencias ante la Comisión Mixta Especial del Parlamento sobre la MAiD, cuando Louis Roy, del Colegio de Médicos de Quebec, sugirió que la elegibilidad podría algún día extenderse a "los bebés desde el nacimiento hasta el año de edad" que nacieran con deformidades o discapacidades graves.
La reacción en todo Canadá fue de conmoción inmediata. Incluso la Ministra Federal de Discapacidades, Carla Qualtrough, quien es legalmente ciega y una firme defensora de las personas con discapacidad, respondió con franqueza: «No hay mundo donde yo acepte eso».
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Su indignación refleja el sentimiento de muchos canadienses: que se ha traspasado un límite moral fundamental. Incluso en un país que ya había extendido la muerte asistida por un médico más allá de los casos de enfermedades terminales, incluir a los bebés incapaces de dar su consentimiento supondría un cambio profundo.
Sin embargo, los Países Bajos ya permiten la eutanasia para recién nacidos en virtud del Protocolo de Groningen. En tales casos, los médicos pueden autorizar la eutanasia si se considera que el bebé sufre un sufrimiento insoportable sin esperanza de mejora, y con el consentimiento de los padres. Sin embargo, estas evaluaciones son inherentemente subjetivas.
Cabe destacar que la naturaleza de este debate no se limita a Canadá y los Países Bajos. A nivel mundial, un número cada vez mayor de políticas nacionales permiten la terminación intencional de la vida de personas médicamente vulnerables, es decir, de quienes no pueden defenderse a sí mismos. La justificación subyacente suele ser maleable y sirve como estándar para permitir la terminación de la vida tanto antes como después del nacimiento.
Consideremos Estados Unidos. El aborto solía ocurrir solo en circunstancias excepcionales al principio del embarazo. Con el tiempo, matar al no nacido se volvió permisible por cualquier motivo, incluso en etapas posteriores del embarazo. Esto impulsó la aprobación de la Ley de Protección de Infantes Nacidos Vivos para proteger a los recién nacidos, afirmando que un bebé nacido vivo es legalmente una persona.
Sin embargo, esta ley no define claramente qué intervenciones deben proporcionarse en cada circunstancia ni las sanciones para los médicos que no actúen. Los juicios médicos subjetivos son los que, en última instancia, deciden si un recién nacido recibe atención que afirma la vida, lo que puede permitir prácticas que constituyen infanticidio.
Como era de esperar, la muerte de decenas de millones de personas a través del aborto ha socavado la creencia de que somos hijos de Dios y creados a su imagen. También desestima el virtuoso llamado que tenemos a proteger la vida, incluyendo la de las personas con discapacidad, los ancianos y los enfermos crónicos.
Por ejemplo, en la década de 1980, el bioeticista Daniel Callahan argumentó que las personas que dependían de sondas de alimentación "vivían demasiado". Esta perspectiva contribuyó a una redefinición de las sondas de alimentación como "tratamiento médico" en lugar de atención básica. Hoy en día, en los 50 estados, es legal negar o retirar las sondas de alimentación a los pacientes que no pueden tragar por sí solos.
Este cambio ha abierto la caja de Pandora, permitiendo la muerte prematura de muchas personas que dependen de cuidados tan básicos. Innumerables personas —algunas necesitan solo asistencia temporal, otras apoyo permanente, como mi hermana Terri Schiavo— ahora corren el riesgo de morir de hambre y deshidratación.
La muerte inhumana de Terri en 2005, tras la retirada de su sonda de alimentación, sigue siendo uno de los casos más trascendentales de la historia estadounidense. Es un ejemplo desgarrador de cómo los juicios sobre la "calidad de vida" pueden anular la compasión, convirtiendo las decisiones médicas en decisiones de vida o muerte que rigen el discurso público y médico.
Esta es la progresión natural cuando la sociedad permite la destrucción de vidas inocentes en el útero: el mismo enfoque utilitario aplicado a nuestros vulnerables hermanos y hermanas no nacidos se aplicará cada vez más después del nacimiento.
Esta visión del mundo según la cual el fin justifica los medios puede atribuirse, en parte, a figuras prominentes como el influyente eticista Peter Singer, quien ocupó una cátedra en la Universidad de Princeton. Singer popularizó la llamada «teoría de la personalidad», que distingue entre ser humano y ser persona, definiendo esta última por capacidades funcionales como la autoconciencia, la racionalidad y la capacidad de valorar la propia existencia; un enfoque que ignora la dignidad humana inherente.
Según el razonamiento de Singer, los recién nacidos con discapacidades graves no son "personas" en sentido moral y, en determinadas circunstancias, matar a estos bebés no se considera moralmente equivalente a matar a una persona. Desafortunadamente, las ideas extremistas de Singer se entrelazan con las tendencias actuales en el cribado prenatal.
En Estados Unidos, los estudios indican que entre el 60 % y el 80 % de los embarazos con diagnóstico prenatal de síndrome de Down terminan en aborto, y en algunos países, como Islandia, se registran tasas cercanas al 100 %. Existen patrones similares para otras discapacidades, como la espina bífida, a pesar del riesgo de falsos positivos para ambas afecciones.
De hecho, la historia ofrece una advertencia desgarradora. El programa Aktion T4 de la Alemania nazi no comenzó en campos de exterminio, sino con médicos y burócratas que clasificaban a los niños con discapacidad y a las personas con problemas médicos frágiles como "vidas indignas de vivir".
Presentado como compasión y eficiencia, el programa condujo al asesinato sistemático de más de 270.000 personas vulnerables. El razonamiento moral de que algunas vidas carecen de autonomía, productividad o conciencia digna de protección refleja de forma inquietante la práctica médica moderna.
La cuestión que se nos plantea no se limita a aliviar el sufrimiento, ampliar las opciones o cualquier otra justificación utilizada para acabar con las vidas de quienes necesitan protección; se trata, ante todo, de principios morales.
Si la dignidad humana se considera irrelevante, condicional o dependiente de la capacidad cognitiva, la independencia o la calidad de vida percibida, nadie está verdaderamente a salvo. Una vez que negamos a algunos seres humanos su condición de personas morales, las protecciones legales inevitablemente se erosionan para todos.
La indignación de la ministra Carla Qualtrough resuena en el público porque reconoció una línea que la mayoría de la gente sabe instintivamente que no debe cruzarse. Pero la indignación por sí sola no basta. Los límites morales y éticos de cómo cuidamos a nuestros débiles e indefensos deben definirse clara e inquebrantablemente.
Si realmente no existe un mundo donde aceptemos la terminación intencional de la vida de un niño con discapacidad, entonces la sociedad debe reconocer que toda vida humana lleva la imagen de Jesucristo, con igual valor y dignidad inherente, independientemente de su edad, capacidad o dependencia. Sin este fundamento, la protección de los vulnerables no desaparece de golpe; simplemente se desvanece.
Personas que se han suicidado por no ser lo que querían ser, personas que han sido agredidas o asesinadas por no ser lo que supuestamente debían ser, no cuentan.
Mi problema es que siempre veo complicados los temas en medio de gente que nunca tiene dudas.
Cualquier cirugía irreversible en menores de edad es un error y un horror, imponer moldes de comportamiento a menores de edad es un error y un horror.
Yo no se si vivimos en el mismo país, pero yo habré visto mujeres con burka o similares tres o cuatro veces en toda mi vida. Que vamos, es un asco y debría estar prohibido, , mejor aún, mujer con burka debería conllevar marido, y padre con burka o latigazos, pero lo que se dice habitual no es.
¿Cuántas violaciones grupales habrá visto la gente en su vida, como para que se prohíban las violaciones?
No estoy diciendo que no se prohíba, estoy diciendo que no es habitual. Lo que dgo es que, si no se prohíbe, que se obligue a sus maridos a llevar burka también.
El tocado de las monjas, o los capirotes de los procesionarios, no constituye una prescripción general para el conjunto de las creyentes ni opera como requisito de respetabilidad social femenina en el entorno civil. Por el contrario, el velo integral se prescribe para el conjunto de las mujeres como códigos de modestia que afectan al conjunto de las mujeres por razón de su sexo, estableciendo expectativas diferenciadas sobre su apariencia y conducta en el espacio público. Además, la literatura comparada en sociología de la religión y estudios sobre desigualdad subraya que la significación simbólica difiere: el hábito expresa pertenencia institucional voluntaria, el velo se integra en sistemas normativos que regulan la visibilidad, movilidad y corporalidad femeninas.
Lo equivalente sería la norma social que las mujeres no deberían salir a la calle desnudas.
Díselo a quien defienda que no existen denuncias falsas, yo se lo digo a quien defiende que todas las denuncias son verdaderas SI el culpable es moro, o al menos rojo.
Comentarios
Esto no lo puede decir mucha gente. Tengo este disco (bueno, lo tenía, me lo robaron)
Recuerdo la idea esencial del libro Deshumanizando al Varón: Pasado, presente y futuro del sexo masculino, de Daniel Jiménez,
@HGyDCT
, porque creo que nos ayuda a entender cosas.
Según Daniel, no existe un sistema social o "patriarcado" que oprima unilateralmente a las mujeres mientras beneficia exclusivamente a los hombres. En cambio, la sociedad tradicional (y en buena medida la actual) perjudica y privilegia a ambos sexos de forma asimétrica y complementaria, en beneficio del grupo o de la supervivencia colectiva más que del beneficio egoísta de uno de los sexos. La compensación clave que plantea es esta:
-A los hombres se les otorga mayor estatus social y poder visible (en jerarquías, liderazgo, reconocimiento público, etc.), pero a cambio sufren menor protección: se les expone mucho más al peligro, la muerte, la guerra, el sacrificio, el abandono en caso de fracaso y una menor empatía social cuando sufren.
-A las mujeres se les otorga mayor protección (física, social, legal, emocional), pero a cambio se les asigna menor estatus y menos acceso a posiciones de poder y reconocimiento público.
Según Daniel, esta estructura no fue creada por los hombres para explotar a las mujeres, sino que fue co-construida por ambos sexos a lo largo de la historia por razones evolutivas, culturales y de supervivencia grupal. Por tanto, el relato dominante de que los “los hombres son opresores y las mujeres víctimas" es una simplificación que ignora sistemáticamente las desventajas y sacrificios masculinos específicos. Esta visión asimétrica deshumaniza al varón, al presentarlo casi exclusivamente como privilegiado, violento o prescindible, lo que dificulta reconocer y abordar problemas masculinos graves (suicidios, muertes laborales, sinhogarismo, fracaso educativo, custodia de hijos, etc.).
Este enfoque creo que explica muy bien lo que ocurre con el feminismo hegemónico actual (el que domina el discurso institucional, mediático y académico). El feminismo tiende a funcionar de esta manera: busca mantener y ampliar la protección tradicional hacia las mujeres (o incluso reforzarla con leyes, políticas y narrativas específicas de "violencia de género", cuotas, etc.) al mismo tiempo que exige para ellas el mismo (o mayor) nivel de estatus, poder y reconocimiento que históricamente se ha asociado más al rol masculino.
El feminismo quiere el pastel (estatus alto) y comérselo (protección alta), sin aceptar el compromiso histórico que implicaba ceder lo uno por lo otro. Es decir, que el feminismo actual (en su versión dominante) aspira a lo mejor de ambos mundos históricos para las mujeres, mientras que los costes masculinos tradicionales (desprotección, prescindibilidad) siguen vigentes y poco cuestionados.
Países Bajos permite la eutanasia de recién nacidos; Canadá podría ser el siguiente
En septiembre pasado, varios medios de comunicación informaron que el programa de Asistencia Médica para Morir (MAiD) de Canadá –legalizado en 2016 para permitir el suicidio asistido por un médico– había reavivado el debate sobre si los recién nacidos podrían ser incluidos en algún momento.
El debate comenzó en 2022, durante las audiencias ante la Comisión Mixta Especial del Parlamento sobre la MAiD, cuando Louis Roy, del Colegio de Médicos de Quebec, sugirió que la elegibilidad podría algún día extenderse a "los bebés desde el nacimiento hasta el año de edad" que nacieran con deformidades o discapacidades graves.
La reacción en todo Canadá fue de conmoción inmediata. Incluso la Ministra Federal de Discapacidades, Carla Qualtrough, quien es legalmente ciega y una firme defensora de las personas con discapacidad, respondió con franqueza: «No hay mundo donde yo acepte eso».
Haga clic aquí para suscribirse a las alertas de noticias pro-vida de LifeNews.com
Su indignación refleja el sentimiento de muchos canadienses: que se ha traspasado un límite moral fundamental. Incluso en un país que ya había extendido la muerte asistida por un médico más allá de los casos de enfermedades terminales, incluir a los bebés incapaces de dar su consentimiento supondría un cambio profundo.
Sin embargo, los Países Bajos ya permiten la eutanasia para recién nacidos en virtud del Protocolo de Groningen. En tales casos, los médicos pueden autorizar la eutanasia si se considera que el bebé sufre un sufrimiento insoportable sin esperanza de mejora, y con el consentimiento de los padres. Sin embargo, estas evaluaciones son inherentemente subjetivas.
Cabe destacar que la naturaleza de este debate no se limita a Canadá y los Países Bajos. A nivel mundial, un número cada vez mayor de políticas nacionales permiten la terminación intencional de la vida de personas médicamente vulnerables, es decir, de quienes no pueden defenderse a sí mismos. La justificación subyacente suele ser maleable y sirve como estándar para permitir la terminación de la vida tanto antes como después del nacimiento.
Consideremos Estados Unidos. El aborto solía ocurrir solo en circunstancias excepcionales al principio del embarazo. Con el tiempo, matar al no nacido se volvió permisible por cualquier motivo, incluso en etapas posteriores del embarazo. Esto impulsó la aprobación de la Ley de Protección de Infantes Nacidos Vivos para proteger a los recién nacidos, afirmando que un bebé nacido vivo es legalmente una persona.
Sin embargo, esta ley no define claramente qué intervenciones deben proporcionarse en cada circunstancia ni las sanciones para los médicos que no actúen. Los juicios médicos subjetivos son los que, en última instancia, deciden si un recién nacido recibe atención que afirma la vida, lo que puede permitir prácticas que constituyen infanticidio.
Como era de esperar, la muerte de decenas de millones de personas a través del aborto ha socavado la creencia de que somos hijos de Dios y creados a su imagen. También desestima el virtuoso llamado que tenemos a proteger la vida, incluyendo la de las personas con discapacidad, los ancianos y los enfermos crónicos.
Por ejemplo, en la década de 1980, el bioeticista Daniel Callahan argumentó que las personas que dependían de sondas de alimentación "vivían demasiado". Esta perspectiva contribuyó a una redefinición de las sondas de alimentación como "tratamiento médico" en lugar de atención básica. Hoy en día, en los 50 estados, es legal negar o retirar las sondas de alimentación a los pacientes que no pueden tragar por sí solos.
Este cambio ha abierto la caja de Pandora, permitiendo la muerte prematura de muchas personas que dependen de cuidados tan básicos. Innumerables personas —algunas necesitan solo asistencia temporal, otras apoyo permanente, como mi hermana Terri Schiavo— ahora corren el riesgo de morir de hambre y deshidratación.
La muerte inhumana de Terri en 2005, tras la retirada de su sonda de alimentación, sigue siendo uno de los casos más trascendentales de la historia estadounidense. Es un ejemplo desgarrador de cómo los juicios sobre la "calidad de vida" pueden anular la compasión, convirtiendo las decisiones médicas en decisiones de vida o muerte que rigen el discurso público y médico.
Esta es la progresión natural cuando la sociedad permite la destrucción de vidas inocentes en el útero: el mismo enfoque utilitario aplicado a nuestros vulnerables hermanos y hermanas no nacidos se aplicará cada vez más después del nacimiento.
Esta visión del mundo según la cual el fin justifica los medios puede atribuirse, en parte, a figuras prominentes como el influyente eticista Peter Singer, quien ocupó una cátedra en la Universidad de Princeton. Singer popularizó la llamada «teoría de la personalidad», que distingue entre ser humano y ser persona, definiendo esta última por capacidades funcionales como la autoconciencia, la racionalidad y la capacidad de valorar la propia existencia; un enfoque que ignora la dignidad humana inherente.
Según el razonamiento de Singer, los recién nacidos con discapacidades graves no son "personas" en sentido moral y, en determinadas circunstancias, matar a estos bebés no se considera moralmente equivalente a matar a una persona. Desafortunadamente, las ideas extremistas de Singer se entrelazan con las tendencias actuales en el cribado prenatal.
En Estados Unidos, los estudios indican que entre el 60 % y el 80 % de los embarazos con diagnóstico prenatal de síndrome de Down terminan en aborto, y en algunos países, como Islandia, se registran tasas cercanas al 100 %. Existen patrones similares para otras discapacidades, como la espina bífida, a pesar del riesgo de falsos positivos para ambas afecciones.
De hecho, la historia ofrece una advertencia desgarradora. El programa Aktion T4 de la Alemania nazi no comenzó en campos de exterminio, sino con médicos y burócratas que clasificaban a los niños con discapacidad y a las personas con problemas médicos frágiles como "vidas indignas de vivir".
Presentado como compasión y eficiencia, el programa condujo al asesinato sistemático de más de 270.000 personas vulnerables. El razonamiento moral de que algunas vidas carecen de autonomía, productividad o conciencia digna de protección refleja de forma inquietante la práctica médica moderna.
La cuestión que se nos plantea no se limita a aliviar el sufrimiento, ampliar las opciones o cualquier otra justificación utilizada para acabar con las vidas de quienes necesitan protección; se trata, ante todo, de principios morales.
Si la dignidad humana se considera irrelevante, condicional o dependiente de la capacidad cognitiva, la independencia o la calidad de vida percibida, nadie está verdaderamente a salvo. Una vez que negamos a algunos seres humanos su condición de personas morales, las protecciones legales inevitablemente se erosionan para todos.
La indignación de la ministra Carla Qualtrough resuena en el público porque reconoció una línea que la mayoría de la gente sabe instintivamente que no debe cruzarse. Pero la indignación por sí sola no basta. Los límites morales y éticos de cómo cuidamos a nuestros débiles e indefensos deben definirse clara e inquebrantablemente.
Si realmente no existe un mundo donde aceptemos la terminación intencional de la vida de un niño con discapacidad, entonces la sociedad debe reconocer que toda vida humana lleva la imagen de Jesucristo, con igual valor y dignidad inherente, independientemente de su edad, capacidad o dependencia. Sin este fundamento, la protección de los vulnerables no desaparece de golpe; simplemente se desvanece.
Miles de niños fueron mutilados y esterilizados por la izquierda woke.
La izquierda aprueba que el estado tenga la potestad de quietarle a los padres sus niños, para ser mutilados y esterilizados.
Mi problema es que siempre veo complicados los temas en medio de gente que nunca tiene dudas.
Cualquier cirugía irreversible en menores de edad es un error y un horror, imponer moldes de comportamiento a menores de edad es un error y un horror.
¿Cuántas violaciones grupales habrá visto la gente en su vida, como para que se prohíban las violaciones?
No estoy diciendo que no se prohíba, estoy diciendo que no es habitual. Lo que dgo es que, si no se prohíbe, que se obligue a sus maridos a llevar burka también.
Izquierda feminista, democrata feminista, sentido común.
El tocado de las monjas, o los capirotes de los procesionarios, no constituye una prescripción general para el conjunto de las creyentes ni opera como requisito de respetabilidad social femenina en el entorno civil. Por el contrario, el velo integral se prescribe para el conjunto de las mujeres como códigos de modestia que afectan al conjunto de las mujeres por razón de su sexo, estableciendo expectativas diferenciadas sobre su apariencia y conducta en el espacio público. Además, la literatura comparada en sociología de la religión y estudios sobre desigualdad subraya que la significación simbólica difiere: el hábito expresa pertenencia institucional voluntaria, el velo se integra en sistemas normativos que regulan la visibilidad, movilidad y corporalidad femeninas.
Lo equivalente sería la norma social que las mujeres no deberían salir a la calle desnudas.
Jefe hablando con su empleada.
La diputada elegida, se la ve mal por el burka que lleva, pero su piel oscura y su mirada asesina la define como mora.
Deberíais aclararos.
Pero si las denuncias falsas no existen, hombre.