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El poeta soldado

Hola.


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Se han publicado en castellano un par de libros de Gabriele D'Annunzio, uno es una reedición y el otro estaba inédito, pero el motivo de abrir el hilo es para recordar a este curioso personaje, hoy muy olvidado pero que alcanzó mucha fama en vida, especialmente durante el episodio de la conquista de Fiume.
Poeta, dramaturgo, soldado, aviador, héroe, conquistador y dictador de una ciudad-estado de efímera existencia. Durante su corto mandato en Fiume creó un sistema medio fascista, medio anarquista y medio democrático (¿sería eso el fascismo democrático?), y uno de los pocos que lo reconocieron fue el Gobierno soviético de Lenin.

Como escritor ya había logrado el éxito antes de la Primera Guerra Mundial. Cuando estalló la contienda logró alistarse a pesar de tener ya más de 50 años. Sirvió en la caballería, las lanchas torpederas y, sobre todo, la aviación. Perdió la visión de un ojo, bombardeó Viena con panfletos de propaganda redactada por él mismo (por algo era escritor) y recibió un montón de condecoraciones.
Tras la guerra, decidido a que Fiume (hoy Rijeka) no pasara a ser de Yugoslavia, lideró una tropa de más de dos mil entusiastas nacionalistas que se apoderaron de ella y la declararon ciudad-estado independiente. La población aclamaba a D'Annunzio como su salvador. Montó un Estado corporativista uno de cuyos principios era la música. Redactó una Constitución con su amigo, el sindicalista Alcestes de Ambris, conocida como la Carta del Carnaro, que anticipaba la idea de la imaginación al poder y que pretendía sentar las bases de un Estado aconfesional y socialmente avanzado, en el que la educación era gratuita, las mujeres podían votar y el divorcio era legal. El Comandante (así se hacía llamar D'Annunzio en Fiume) se proclamó defensor de las naciones sin estado, de todas las naciones pobres y empobrecidas contra las naciones usurpadoras y acumuladoras de toda riqueza, desde Irlanda hasta Egipto y la India pasando por los pueblos de los Balcanes. Recibió la visita de Marinetti, Marconi y Mussolini.
En diciembre de 1920, después de 16 meses, la flota italiana bombardeó Fiume. Tras algunos combates y medio centenar de muertos, D'Annunzio se rindió. Así terminaba el sueño del poeta conquistador, el tipo que rechazó una carta dirigida al mejor poeta de Italia porque él era el mejor del mundo, "el único revolucionario de Italia", según Lenin. En definitiva, un revolucionario cultural, defensor de la acción y la imaginación.

Los fascistas de Mussolini adoptaron toda su simbología: el brazo en alto, las calaveras, las camisas negras y el himno Giovinezza. El Duce lo mantendría el resto de su vida en una jaula de oro de la que D'Annunzio sólo salió para aconsejarle que no se juntara con Hitler.

REPORTAJE

D'Annunzio sale de su jaula dorada

Las 'Crónicas literarias' del autor que inspiró el fascismo mussoliniano se publican por primera vez en español y se reedita su célebre novela 'El triunfo de la muerte'

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Gardone - 12/11/2011


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Gabriele d'Annunzio leyendo en su dormitorio, en 1890. Y, abajo, el escritor (a la derecha) con Mussolini.- TOPHAM PICTUREPOINT / LEBRECHT (CORDON)


Catorce años antes de morir, Gabriele d'Annunzio (1863-1938) encargó su propia capilla ardiente. La amuebló al estilo decó, con pieles de leopardo, un retrato suyo junto a san Francisco y una talla de san Sebastián del siglo XVI que representa, a tamaño natural, al mártir cuya historia había escrito él mismo para el compositor Claude Debussy. Presidiendo la estancia, una mezcla de cuna y ataúd.

La habitación huele, por supuesto, a cerrado. Como casi todo el Vittoriale degli Italiani, la villa con vistas al lago de Garda a la que el escritor se retiró definitivamente en 1921. La casa de Gardone -700 metros cuadros y nueve hectáreas de parque a los que se accede por tres arcos triunfales- fue su testamento de piedra, la autobiografía en tres dimensiones del escritor más popular de la Italia moderna. La historia, sin embargo, no ha dejado de cobrarle la factura de haber sido el poeta que inspiró a Mussolini. "El fascismo fue dannunziano, sí", reconoce el guía Leonardo Gilardoni mientras enseña el Vittoriale. Pero ¿fue D'Annunzio fascista? Basta pasear por la casa de un escritor que padecía horror vacui para concluir que lo que fue D'Annunzio es, también, dannunziano.

En España, su imagen ha sido más la del autor decadente, un perfil dibujado por el culturalismo de los años setenta y la versión cinematográfica que Visconti hizo en 1976 de su novela El inocente (1892). Pero hubo al menos tres dannunzios distintos en la vida de un hombre de letras cuyo ego no cabía en su metro sesenta de estatura. Esteta y soldado, era a la vez el Vate y el Comandante. El historiador Giordano Bruno Guerri, ex director editorial en Mondadori, biógrafo de D'Annunzio y actual presidente de la fundación que gestiona el Vittoriale para el Estado italiano, sostiene que la obra literaria del autor de Alcyone ha pagado por el hecho de ser lo que él llama el "Juan Bautista" del movimiento fascista. Eso a pesar de que, cuando triunfa Mussolini, su literatura mayor ya estaba escrita.

Los tres dannunzios fueron, sucesivamente, el literato, el soldado y el que, en su jaula de oro, preparaba el legado de los otros dos. El primero es el que en 1889, con 26 años, publica su primera novela, El placer, que sigue siendo un best seller en Italia. Es el mismo que escribe en los periódicos artículos como los que se recogen por primera vez en español en Crónicas literarias y autorretrato (Fórcola). Allí se comprueba su admiración por Nietzsche, todavía vivo, cuya teoría del superhombre impregna la novela El triunfo de la muerte, publicada en 1894 y recuperada ahora por Alfabia en un volumen que incluye algunos aforismos autobiográficos y el largo ensayo que le dedicó un devoto Henry James.

D'Annunzio creó 2.000 neologismos -se le atribuye "aeronáutica"- y no dejó de escribir eslóganes publicitarios y miles de cartas a sus admiradores, pero su fama literaria estaba hecha cuando se convirtió en héroe nacional. En 1918 sobrevoló Viena lanzando octavillas destinadas a minar la moral de los austriacos. Aquel biplano cuelga ahora en el auditorio del Vittoriale, un complejo cuyo interior está colonizado por 33.000 libros, obras de arte -aquí un ribera, allí un marinetti- y miles de objetos que llenan cada centímetro. Se han contado 800 en el baño, azul, de un hombre que no conocía la palabra superfluo y se pasaba las horas retocándose. Un pionero. "Tal vez lo más vivo que quede de D'Annunzio sea la preocupación por la belleza que ha transmitido a los italianos", subraya Bruno Guerri.

Los límites de la villa, mezcla de santuario, palacio real y egoteca, albergan un motoscafo, un barco incrustado en la ladera cuyos cañones recibían a los visitantes ilustres y, por supuesto, el mausoleo del poeta. Allí reposa rodeado por algunos de los que le siguieron en la hazaña que lo convirtió en un mito incómodo: la toma de Fiume. La actual Rijeka croata era de mayoría italiana pero los aliados la cedieron a Yugoslavia al terminar la I Guerra Mundial. Italia había ganado esa guerra y D'Annunzio habló de "victoria mutilada". Al frente de una columna de legionarios conquistó la ciudad y la gobernó, desobedeciendo al poder de Roma, durante 16 meses entre 1919 y 1920.

En Fiume confluyen todos los grises de un autor leído en blanco y negro. Por un lado, desarrolló una parafernalia nacionalista de gritos de guerra, discursos y uniformes -la camisa negra- que los fascistas no tardarían en hacer suyos. Por otro, promulgó una Constitución de tintes anarquistas en la que se hablaba de la música, la pasión de D'Annunzio, como pilar de un Estado aconfesional que eliminaba los símbolos religiosos de las escuelas y reconocía el derecho al divorcio y el voto a las mujeres, algo que en Italia no sucedería hasta 1946.

Sofocada la aventura de Fiume por el ejército italiano, en 1921 D'Annunzio ya estaba en Gardone. Un año más tarde Mussolini se hacía con el poder y se ocupó de que el escritor -pagano, grafómano, erotómano y cocainómano- viera colmado allí el menor de sus caprichos. Lejos de Roma. "Cuando uno tiene una muela podrida", dijo el dictador, "la sacas o la cubres de oro". El escritor apenas se movió de allí en 17 años, pero acudió a la vecina Verona para, francófilo y antigermano, aconsejarle al Duce que no se aliara con Hitler, al que dedicó una sátira que fue censurada.

"Soy la puta de Italia, a quien odian por amor", dijo. En el Vittoriale, que este año ha recibido 150.000 visitas a razón de 16 euros, hay una puerta para los huéspedes queridos y otra para los que no lo son. Mussolini entró por la segunda. El escritor lo hizo esperar dos horas. Menospreciaba al político, adoraba su dinero. Durante décadas su obra ha pagado esa factura. Fingiendo golpear al escritor, dice Bruno Guerri, "los prejuicios de la crítica literaria" se cebaban con el personaje, el "primer divo" de las letras modernas. Él publicó hace tres años una biografía sin maquillaje en la que Dios -o el Diablo- no paga por el César. Redescubrir a D'Annunzio, apunta, significa ponerlo en el lugar que le corresponde entre los italianos, de los que fue un "campeón desmesurado". "Se nos parece demasiado como para que lo amemos".

EL PAÍS


Más información:

"Carta de Carnaro" Constitución de la Regencia de Carnaro, proclamada por Gabriele d'Annunzio (1920)

Breve historia del fascismo

La fascinante historia de D´Annunzio en Fiume: El comandante y la décima musa.


Saludos.

Comentarios

  • ....rijeka pasó a formar parte de Yugoslavia...
  • Creo que Lara ha dado en el clavo. La situación actual de Rijeka, sin ser la que perseguía D'Annunzio, tampoco creo que le hubiera desagradado en exceso. Consideraba a su enemigo, el Estado yugoslavo (que en sus primeros años se llamó Reino de los serbios, croatas y eslovenos), el resultado del expansionismo serbio, y por tanto apoyaba las aspiraciones nacionalistas de los croatas. De hecho, rechazó el éxito italiano en el Tratado de Rapallo a pesar de que, según éste, Fiume seguiría siendo una ciudad libre, Zara (una ciudad dálmata ocupada en 1919 por el propio D'Annunzio) pasaría a Italia y los intereses de sus compatriotas en Dalmacia quedaban bastante salvaguardados. Cuando entró en Fiume quería que la ciudad formase parte de Italia, pero después, a la vez que contemplaba con desprecio a los gobernantes de su país (en cierta ocasión permitió que uno de sus hombres lanzara un orinal desde un avión contra el edificio del Parlamento), se autoproclamó adalid de las naciones oprimidas, entre las que estaba Croacia. De modo que le habría gustado una Croacia independiente.

    Digamos que buscaba que lo que él había hecho en Fiume se extendiese por el mundo.
  • Pues precisamente hace poco estaba leyendo “La escena contemporánea” de Mariategui , un libro muy interesante donde se reúnen varios artículos de Mariategui sobre la situación política de esos años,  y entre ellos había un artículo dedicado a D'Annunzio, el cual dado el tema expuesto por Stern von Afrika me permito traer a colación.
    D'ANNUNZIO Y EL FASCISMO
    D'Annunzio no es fascista. Pero el fascismo es d'annunziano. El fascismo usa consuetudinariamente una retórica, una técnica y una postura d'annunzianas. El grito fascista de "¡Eia, eia, alalá!" es un grito de la epopeya de D'Annunzio. Los orígenes espirituales del fascismo están en la literatura de D'Annunzio y en la vida de D'Annunzio. D'Annunzio puede, pues, renegar del fascismo. Pero el fascismo no puede renegar de D'Annunzio. D'Annunzio es uno de los creadores, uno de los artífices del estado de ánimo en el cual se ha incubado y se ha plasmado el fascismo.
    Más aún. Todos los últimos capítulos de la historia italiana están saturados de d'annunzianismo. Adriano Tilgher en un sustancioso ensayo sobre la Tersa Italia define el período pre-bélico de 1905 a 1915 como "el reino incontestado de la mentalidad d'annunziana, nutrida de recuerdos de la Roma imperial y de las comunas italianas de la Edad Media, formada de naturalismo pseudopagano, de aversión al sentimentalismo cristiano y humanitario, de culto a la violencia heroica, de desprecio por el vulgo profano curvado sobre el trabajo servil, de diletantismo kilometrofágico con un vago delirio de grandes palabras y de gestos imponentes". Durante ese período, constata Tilgher, la pequeña y la media burguesía italiana se alimentaron de la retórica de una prensa redactada por literatos fracasados, totalmente impregnados de d'annunzianismo y de nostalgias imperiales.
    Y en la guerra contra Austria, gesta d'annunziana, se generó el fascismo, gesta d'annunziana también. Todos los líderes y capitanes del fascismo provienen de la facción que arrolló al gobierno neutralista de Giolitti y condujo a Italia a la guerra. Las brigadas del fascismo se llamaron inicialmente haces de combatientes. El fascismo fue una emanación de la guerra. La aventura de Fiume y la organización de los fasci fueron dos fenómenos gemelos, dos fenómenos sincrónicos y sinfrónicos. Los fascistas de Mussolini y los ardite de D'Annunzio fraternizaban. Unos y otros acometían sus empresas al grito de "¡Eia, eia, alalá!" El fascismo y el fiumanismo se amamantaban en la ubre de la misma loba como Rómulo y Remo. Pero, nuevos Rómulo y Remo también, el destino quería que uno matase al otro. El fiumanismo sucumbió en Fiume ahogado en su retórica y en su poesía. Y el fascismo se desarrolló, libre de la concurrencia de todo movimiento similar, a expensas de esa inmolación y de esa sangre.
    El fiumanismo se resistía a descender del mundo astral y olímpico de su utopía, al mundo contingente, precario y prosaico de la realidad. Se sentía por encima de la lucha de clases, por encima del conflicto entre la idea individualista y la idea socialista, por encima de la economía y de sus problemas. Aislado de la tierra, perdido en el éter, el fiumanismo estaba condenado a la evaporación y a la muerte, El fascismo, en cambio, tomó posición en la lucha de clases. Y, explotando la ojeriza de la clase media contra el proletariado, la encuadró en sus filas y la llevó a la batalla contra la revolución y contra el socialismo. Todos los elementos reaccionarios, todos los elementos conservadores, más ansiosos de un capitán resuelto a combatir contra la revolución que de un político inclinado a pactar con ella, se enrolaron y concentraron en los rangos del fascismo. Exteriormente, el fascismo conservó sus aires d'annunzianos; pero interiormente su nuevo contenido social, su nueva estructura social, desalojaron y sofocaron la gaseosa ideología d'annunziana. El fascismo ha crecido y ha vencido no como movimiento d'annunziano sino como movimiento reaccionario; no como interés superior a la lucha de clases sino como interés de una de las clases beligerantes. El fiumanismo era un fenómeno literario más que un fenómeno político. El fascismo, en cambio, es un fenómeno eminentemente político. El condolieri del fascismo tenía que ser, por consiguiente, un político, un caudillo tumultuario, plebiscitario, demagógico. Y el fascismo encontró por esto su duce, su animador en Benito Mussolini, y no en Gabriel D'Annunzio. El fascismo necesitaba un líder listo a usar, contra el proletariado socialista, el revólver, el bastón y el aceite castor. Y la poesía y el aceite castor son dos cosas inconciliables y disímiles.
    La personalidad de D'Annunzio es una personalidad arbitraria y versátil que no cabe dentro de un partido. D'Annunzio es un hombre sin filiación y sin disciplina ideológicas. Aspira a ser un gran actor de la historia. No le preocupa el rol sino su grandeza, su relieve, su estética. Sin embargo, D'Annunzio ha mostrado, malgrado su elitismo y su aristocratismo, una frecuente e instintiva tendencia a la izquierda y a la revolución. En D'Annunzio no hay una teoría, una doctrina, un concepto. En D'Annunzio hay sobre todo, un ritmo, una música, una forma. Mas este ritmo, esta música, esta forma, han tenido, a veces, en algunos sonoros episodios de la historia del gran poeta, un matiz y un sentido revolucionarios. Es que D'Annunzio ama el pasado; pero ama más el presente. El pasado lo provee y lo abastece de elementos decorativos, de esmaltes arcaicos, de colores raros y de jeroglíficos misteriosos. Pero el presente es la vida. Y la vida es la fuente de la fantasía y del arte. Y, mientras la reacción es el instinto de conservación, el estertor agónico del pasado, la revolución es la gestación dolorosa, el parto sangriento del presente.
    Cuando, en 1900, D'Annunzio ingresó en la Cámara italiana, su carencia de filiación, su falta de ideología, lo llevaron a un escaño conservador. Mas un día de polémica emocionante entre la mayoría burguesa y dinástica y la extrema izquierda socialista y revolucionaria, D'Annunzio, ausente de la controversia teorética, sensible sólo al latido y a la emoción de la vida, se sintió atraído magnéticamente al campo de gravitación de la minoría. Y habló así a la extrema izquierda: "En el espectáculo de hoy he visto de una parte muchos muertos que gritan, de la otra pocos hombres vivos y elocuentes. Como hombre de intelecto, marcho hacia la vida". D'Annunzio no marchaba hacia el socialismo, no marchaba hacia la revolución. Nada sabía ni quería saber de teorías ni de doctrinas. Marchaba simplemente hacia la vida. La revolución ejercía en él la misma atracción natural y orgánica que el mar, que el campo, que la mujer, que la juventud y que el combate.
    Y, después de la guerra, D'Annunzio volvió a aproximarse varias veces a la revolución. Cuando ocupó Fiume, dijo que el fiumanismo era la causa de todos los pueblos oprimidos, de todos los pueblos irredentos. Y envió un telegrama a Lenin. Parece que Lenin quiso contestar a D'Annunzio. Pero los socialistas italianos se opusieron a que los Soviets tomaran en serio el gesto del poeta. D'Annunzio invitó a todos los sindicatos de Fiume a colaborar con él en la elaboración de la constitución fiumana. Algunos hombres del ala izquierda del socialismo, inspirados por su instinto revolucionario, propugnaron un entendimiento con D'Annunzio. Pero la burocracia del socialismo y de los sindicatos rechazó y excomulgó esta proposición herética, declarando a D'Annunzio un diletante, un aventurero. La heterodoxia y el individualismo del poeta repugnaban a su sentimiento revolucionario. D'Annunzio, privado de toda cooperación doctrinaria, dio a Fiume una constitución retórica. Una constitución de tono épico que es, sin duda, uno de los más curiosos documentos de la literatura política de estos tiempos. En la portada de la Constitución del Arengo del Carnaro están escritas estas palabras: "La vida es bella y digna de ser magníficamente vivida". Y en sus capítulos e incisos, la Constitución de Fiume asegura a los ciudadanos del Arengo del Carnaro, una asistencia próvida, generosa e infinita para su cuerpo, para su alma, para su imaginación y su músculo. En la Constitución de Fiume existen toques de comunismo. No del moderno, científico y dialéctico comunismo de Marx y de Lenin, sino del utópico y arcaico comunismo de la República de Platón, de la Ciudad del Sol de Campanella y de la Ciudad de San Rafael de John Ruskin.
    Liquidada la aventura de Fiume, D'Annunzio tuvo un período de contacto y de negociaciones con algunos líderes del proletariado. En su villa de Gardone, se entrevistaron con él D'Aragona y Baldesi, secretarios de la Confederación General del Trabajo. Recibió también la visita de Tchicherin, que tornaba de Génova a Rusia. Pareció entonces inminente un acuerdo de D'Annunzio con los sindicatos y con el socialismo. Eran los días en que los socialistas italianos, desvinculados de los comunistas, parecían próximos a la colaboración ministerial. Pero la dictadura fascista estaba en marcha. Y, en vez de D'Annunzio y los socialistas, conquistaron la Ciudad Eterna Mussolini y los "camisas negras".
    D'Annunzio vive en buenas relaciones con el fascismo. La dictadura de las "camisas negras" flirtea con el Poeta. D'Annunzio, desde su retiro de Gardone, la mira sin rencor y sin antipatía. Pero se mantiene esquivo y huraño a toda mancomunidad con ella. Mussolini ha auspiciado el pacto marinero redactado por el Poeta que es una especie de padrino de la gente del mar. Los trabajadores del mar se someten voluntariamente. Y a su imperio. El poeta de "La Nave" ejerce sobre ellos una autoridad patriarcal y teocrática. Vedado de legislar para la tierra, se contenta con legislar para el mar. El mar lo comprende mejor que la tierra.
    Pero la historia tiene como escenario la tierra y no el mar. Y tiene como asunto central la política y no la poesía. La política que reclama de sus actores contacto constante y metódico con la realidad, con la ciencia, con la economía, con todas aquellas cosas que la megalomanía de los poetas desconoce y desdeña. En una época normal y quieta de la historia D'Annunzio no habría sido un protagonista de la política. Porque en épocas normales y quietas la política es un negocio administrativo y burocrático. Pero en esta época de neo-romanticismo, en esta época de renacimiento del Héroe, del Mito y de la Acción, la política cesa de ser oficio sistemático de la burocracia y de la ciencia. D'Annunzio, tiene, por eso, un sitio en la política contemporánea. Sólo que D'Annunzio, ondulante y arbitrario, no puede inmovilizarse dentro de una secta ni enrolarse en un bando. No es capaz de marchar con la reacción ni con la revolución. Menos aún es capaz de afiliarse a la ecléctica y sagaz zona intermedia de la democracia y de la reforma.
    Y así, sin ser D'Annunzio consciente y específicamente reaccionario, la reacción es paradójica y enfáticamente d'annunziana. La reacción en Italia ha tomado del d'annunzianismo el gesto, la pose y el acento. En otros países la reacción es más sobria, más brutal, más desnuda. En Italia, país de la elocuencia y de la retórica, la reacción necesita erguirse sobre un plinto suntuosamente decorado por los frisos, los bajo relieves y las volutas de la literatura d'annunziana.

    Un saludo ;)
  • Un buen artículo, salvo por la retórica marxista de la lucha de clases.

    Para situarnos, un mapa de las anexiones italianas entre 1919 y 1924:

    mapaanexionesitalia.jpg

    Gracias a la acción de D'Annunzio, en 1920 la ciudad dálmata de Zara pasó a ser de Italia, y Fiume quedó como ciudad libre. No obstante, en 1924 Mussolini se apoderaría de ella. Vamos, que corrió la misma suerte que otras "ciudades libres" que fueron fruto de los desatinos del final de la Gran Guerra: Memel y Danzig.

    Aquí una foto de las masas de Fiume recibiendo a D'Annunzio como su libertador:

    Fiume_cheering_D%2527Annunzio500.jpg


    Aquí D'Annunzio en Fiume con sus Arditi:

    9titolmax.jpg


    Los Arditi eran unas tropas de elite italianas creadas en la Primera Guerra Mundial. Su arma característica era el cuchillo, que muchas veces llevaban en la boca, como se puede apreciar. Durante la aventura dannunziana de Fiume adquirieron gran protagonismo. Como no pocos de ellos eran unos exaltados nacionalistas, de entre sus filas saldrían muchos camisas negras fascistas. En ese sentido equivaldrían a los Freikorps alemanes, que luego dieron lugar a las SA nazis. Aunque entre los Arditi también había anarquistas (exaltados, por supuesto), que formarían los llamados Arditi del Popolo, una organización antifascista cuyo emblema era tal que así:

    600px-Flag_of_the_Arditi_del_Popolo_Battalion.svg.png

    De estos Arditi antifascistas todavía quedarían ecos en nuestra Guerra Civil. El Batallón de la Muerte italiano de las Brigadas Internacionales empleaba también calaveras y camisas negras, aunque estaba formado por anarquistas:

    27675841.jpg bi_bonmuerte1.gif

    batmuerte.jpg


    Y ahora un tipo muy pecualiar: Harukichi Shimoi, un karateka japonés, voluntario de los Arditi, amigo de D'Annunzio (que lo llamaba camarada Samurai), participante en lo de Fiume y simpatizante fascista. Un hombre con carácter, vamos.

    shimoih.jpg
  • editado diciembre 2011 PM
    "Kribi&quot escribió :
    LaraS nos ha deleitado con otro de sus delirantes razonamientos.

    Los gibraltareños no quieren ser españoles => España es una mierda.

    Saludos
    Kribi

    :confused:
    "Kribi&quot escribió :
    Yo pasé unos días de vacaciones hace unos años en el Parque Nacional del Monte Triglav (en la zona de la actual Eslovenia que fue italiana entreguerras), y no se sí los fiumenenses recibieron a D'Anunzio como un libertador, pero me dió la impresión de que los actuales eslovenos no sienten demasiada nostalgia por su pasado italiano.

    Incluso hubo un señor que se negó a sacarme una foto en la cima del monte Krn (el Monte Nero de la épica de los alpini durante la PGM) si no me apartaba lo suficiente como para no encuadrar una efigie de una virgen que recuerda a los italianos caídos en aquella guerra. Mientras encuadraba, me hacía gestos con la mano para que me apartara más y más y repetía "italiani vía, italiani vía".  :D

    Saludos
    Kribi

    Los que recibieron a D'Annunzio así eran italianos, que por entonces conformaban la gran mayoría de la población de Fiume. Eran los famosos irredentistas. Tras la Segunda Guerra Mundial, los italianos de los territorios que pasaron a Yugoslavia se marcharon casi todos. Según la Wiki, hoy quedan en Eslovania 7.000 italianos.
    Recibió la visita de Marinetti, Marconi y Mussolini.

    Olvidé mencionar también a Toscanini, que fue recibido por D'Annunzio con gran alegría, dada la idolatría que sentía hacia la música.
  • Al acabar la II Guerra Mundial los yugoslavos -es decir, los partisanos titoístas- trataron de anexionarse partes de la región veneciana. De hecho, cometieron matanzas de civiles. Algunas fosas comunes pudieron ser recuperadas tras la guerra, otros cadáveres fueron arrojados a simas y otras quedaron en territorio yugoslavo. Fueron cientos, si no miles, los asesinados.

    Sí, pero creo que estás mezclando cosas.
    "Patán&quot escribió :
    Es Slovenia. :)

    Es Eslovenia  :chis:
  • editado enero 2012 PM
    contemplaba con desprecio a los gobernantes de su país (en cierta ocasión permitió que uno de sus hombres lanzara un orinal desde un avión contra el edificio del Parlamento)

    Os presento a otro tipo un tanto particular que también participó en la aventura dannunziana de Fiume: Guido Keller.


    keller_1.jpg


    Pues era un amigo de D'Annunzio, de origen aristocrático. Durante la Primera Guerra Mundial estuvo en la escuadrilla del famoso as de caza Francesco Baracca.

    Era anarquista, dadaísta, naturista y nudista. Y un poco payaso:

    guido_keller_nettuno-728x1024.jpg


    En Fiume fundó el grupo Yoga, la Unión de espíritus libres que tienden a la perfección. Sus símbolos eran una esvástica y una rosa de cinco pétalos.

    keller_yoga_min.jpg


    Éste fue el que lanzó un orinal desde un avión contra el Parlamento italiano. Aquí lo tenemos cagando en el orinal antes de lanzarlo:

    Keller%2C_Guido_%281894-1929%29.jpg


    Después de lo de Fiume viajó mucho y murió con 37 años. Vivió muy rápido, como buen futurista.

    keller_marinetti-696x1024.jpg

    Keller con Marinetti...


    En fin, otro grillado  :chis:
  • Los militares que se dedican a la literatura nunca han estado muy bien de la cabeza...  :chis:
  • "Koljaiczek&quot escribió :
    Los militares que se dedican a la literatura nunca han estado muy bien de la cabeza...  :chis:

    :D

    Bueno, en el caso de D'Annunzio fue al revés: un escritor que se hizo militar.

    Tú eres más como Cervantes  :chis:
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